Pazo das Bruxas 2014 Albariño

Este fin de semana he tenido la oportunidad de probar Pazo das Bruxas 2014, un buen albariño de Bodegas Torres. Como muchos de vosotros sabéis, Bodegas Torres, es una bodega con una enorme tradición vinícola, para que os hagáis una idea, se dedican al mundo del vino desde el año 1870. ¡Casi nada! Tuvo su origen en la región del Penedés y con el paso de los años ha sabido crecer y llegar a los mercados internacionales.

Bodegas Torres se ha dejado caer por otras zonas de España aparte de Cataluña, reuniendo así diferentes Denominaciones de Origen, como por ejemplo D.O. Ribera del Duero, D.O. La Rioja, D.O. Rueda y D.O. Rías Baixas. Al hablar de Rías Baixas, estamos refiriéndonos sin duda a la patria del albariño. ¡Qué gran variedad! El albariño es una variedad muy bien aclimatada en las tierras gallegas donde los suelos son muy variados. Es una zona donde hay bastante humedad, influencia altlántica e insolación. Las características edafoclimáticas y la personalidad tan especial que tienen algunos rincones de Galicia, hacen que la D.O. Rías Baixas se encuentre envuelta por un encanto propio y singular. La variedad albariño cuenta con unos racimos de tamaño mediano, las bayas son pequeñas y de color dorado.

Estamos ante una zona excepcional y, mirad por dónde, Pazo das Bruxas ha sido elaborado con uvas procedentes de esta zona, en concreto de la zona de O’Rosal y de la zona de Salnés.

Con semejante trocito de tierra ante mí, tomé la sabia decisión (sí, lo más inteligente era bebérselo) de descorchar la botella y disfrutar el vino al máximo. Además, teniendo todo el sábado por delante no se puede pedir más. ¿No? Preparé una cubitera, con los hielos en su justa medida, y descorché la botella bordelesa que tenía ante mí. ¿Y qué me encontré? Pues un vino de color amarillo pálido, alcalino, límpido, brillante y una con lágrima ancha. Al verlo, da la sensación de que va a ser un vino que se va a poder saborear e incluso masticar un poquito. La verdad es que apetece bebérselo.

En nariz resultó ser una maravilla. En todo momento el vino se mostró elegante y sutil. Muy delicado y con una marcada personalidad donde los aromas cítricos ganan terreno a la fruta blanca con hueso.

La entrada en boca resultó ser cremosa y ligeramente glicérica, tal y como me lo imaginaba cuando lo vi por primera vez. El paso por boca es ligero, con notas florales, tan característico de la zona de Salnés. El postgusto es de intensidad media y te deja un tenue y agradable sabor amargo y fresco.

Rías Baixas es una tierra mística, de leyendas y de magia que invita a dejarse llevar en un sueño donde abunda el vino blanco. Los gatos, estén o no en las Rías Baixas, bostezan tras una copiosa comida en un sábado soleado de verano. Tarzán y yo intentamos disfrutar siempre de los buenos momentos con un buen vino.

¡Qué disfrutéis del fin de semana!

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